Aprovechar el viento para enfrentar la turbulencia energética y climática

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La mitad del territorio argentino tiene gran potencial eólico. Un estudio de la FAUBA señaló que si se instalaran aerogeneradores en el 3% del área nacional más apta, se podría generar una cantidad de energía equivalente al 330% de la demanda eléctrica del país. ¿Cuál es la mejor estrategia para ubicar los molinos?

(SLT-FAUBA) A nivel mundial, la energía eólica aporta el 5,90% de la electricidad. Si bien en la Argentina la proporción es mayor —casi 8,5%—, es un valor bajo en función de nuestro enorme potencial eólico. Una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) encontró que es posible establecer parques eólicos en casi la mitad del territorio argentino, y que con ubicarlos en los 42.000 km2 con mejores condiciones —un 3% de la superficie nacional— se podría generar 3 veces la demanda eléctrica nacional. Esta información permite elaborar estrategias para producir más electricidad de manera ‘limpia’ a partir del viento y también acerca la posibilidad de exportarla.

“La energía eólica se obtiene a través de un aerogenerador que transforma la fuerza del viento en electricidad. En el 2021, un 13% de la energía argentina provino de fuentes renovables, y dentro de ese grupo, la eólica representó casi un 75%. Su aporte va a ser cada vez mayor en este contexto de cambio climático. Por eso, es clave estudiar cómo hacerla crecer de la manera más sustentable posible”, explicó Matías Franke a partir de su tesis de Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA.

En este marco, Franke caracterizó el territorio continental argentino según su aptitud para instalar aerogeneradores y destacó las zonas con mejores características. “Es posible instalar parques eólicos en 1.361.500 km2, lo que equivale al 49.4% de la superficie de nuestro país. Con sólo usar los 42.236 km2 más aptos se podría generar 3,3 veces la energía que consumimos hoy en día. Tendríamos un excedente que hasta se podría exportar”, resaltó Franke.

“Las áreas con mejores condiciones se concentran en dos zonas: el sur de la provincia de Buenos Aires y el límite entre Santa Cruz y Chubut, en el golfo de San Jorge”, sostuvo Pablo Baldassini, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA y co-director del trabajo de Franke.

“Estos resultados nos pueden ayudar a pensar estrategias para expandir la energía eólica en la Argentina. Por ejemplo, en general, las áreas que encontramos aptas coincidieron con la ubicación de los parques eólicos en funcionamiento. Entonces, se podría plantear expandir los parques eólicos actuales. Para determinar la aptitud eólica combinamos información de diferente tipo como ambiental, social, económica, legal y de infraestructura”, dijo Baldassini.

Posibilidades y límites

Algunas características benefician la producción de energía eólica, mientras que otras la restringen. Sebastián Aguiar, docente de la cátedra de Dasonomía de la FAUBA, y director de la tesis de Franke, indicó: “En base a este trabajo podemos planificar un parque eólico en zonas que tengan buena oferta de viento, que estén cerca de áreas con las líneas de alta tensión o con mayor demanda como una ciudad o una fábrica. Por otro lado, hay zonas que quedaron excluidas por presentar poca velocidad del viento, por la presencia de humedales y cuerpos de agua, de áreas protegidas o por tener pendientes mayores a 5%”.

De todas maneras, Aguiar aclaró: “Que sean áreas con limitantes no significa que no se pueda instalar un aerogenerador. Hay que considerar, por ejemplo, llevar electricidad adonde todavía no llega y así responder a una demanda social. Aunque un área no sea de las más aptas para producir energía eólica, poner aerogeneradores en ese lugar sería muy útil para su población”.

Atmósfera verde

Aguiar, quien también es becario posdoctoral del CONICET, afirmó que, por distintas razones, sean locales, nacionales o internacionales, es fundamental aumentar la participación de las energías limpias en la matriz energética de la Argentina y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. “Contar con más parques eólicos también beneficiaría la balanza comercial del país. Hoy se usan divisas para importar hidrocarburos que se queman para generar electricidad. La generación de energía eólica le permitiría al país ahorrar miles de millones de dólares. En el primer semestre del 2022, las importaciones de energía requirieron $6.609 millones de dólares”.

“Según la Ley Nº 27.191, que fomenta el uso de fuentes renovables para producir energía eléctrica, en 2025, la Argentina debería tener el 20% de su matriz energética proveniente de fuentes renovables. Con sólo 1.400 ó 1.500 km2 con aerogeneradores se podría alcanzar ese valor. Somos uno de los países que más energía eólica podría cosechar. Aunque su participación en la matriz energética se cuadruplicó entre el 2018 y el 2021, apenas estamos sobre la media mundial. Hoy tenemos 57 parques eólicos”, puntualizó Franke.

Asimismo, agregó que para que la energía eólica despegue falta un marco regulatorio, estabilidad económica y más incentivos. “Por ahora, la mayor parte de la tecnología es importada. De a poco se están abriendo fábricas de aerogeneradores nacionales. Por ejemplo, en Mendoza y en Buenos Aires”.

¿La panacea?

Aguiar advirtió que “las energías alternativas no están exentas de problemas ambientales. Se requieren muchos recursos para generarlas e instalarlas, y en estos procesos también se emiten gases de efecto invernadero. Además, hay que considerar su alto costo de almacenaje. En general, su oferta no coincide con los momentos de mayor demanda. De todas maneras, se están desarrollando tecnologías para resolver esta cuestión, como, por ejemplo, el ‘hidrógeno verde’, que es una forma de almacenar y transportar la energía eólica”.

Para cerrar, el grupo de estudio destacó que cambiar la matriz energética es una cuestión urgente y que, en un futuro, les interesa incorporar al trabajo otros factores que pueden afectar la aptitud eólica de un área como la opinión de las personas sobre este tipo de energía, la competencia con otros usos del suelo y el valor de la tierra.

Por: Sebastián Tamashiro

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